La locución: Poniendo el dedo en llaga

Bueno Señoras y Señores ha llegado el momento de la verdad. Todos hablamos de la importancia de cobrar bien por nuestros servicios pero cuando se trata de hablar acerca de tarifas de locución todo se vuelve un zaperoco donde nadie es claro ni contundente.

Así que la discusión se queda en “en fin, no cobres barato”. Pero me pongo a pensar en una persona que apenas comienza a trabajar y ante cualquier trabajo sale a buscar ayuda y encuentra un tarifario que en el caso de Colombia es bastante alejado de la realidad.

Y por favor Señores de la ACL no me vayan a tomar a mal, porque siendo yo parte de la Junta directiva de la Asociación, me he involucrado lo más que he podido en el proceso de las tarifas pero en realidad, siento que aún estamos en pañales con respecto a dar una guía tarifaria que se acerque a lo que pagan allá afuera.

Tarifas de locución

Así que aquí con la mano en el corazón y a “calzón quitao” quiero hablar con total franqueza sobre lo que para mí es cuidar las tarifas.

Desde mi perspectiva personal y posiblemente de muchos colegas, NO COBRAMOS POR UN TEXTO, cobramos por el número de piezas finales y por el uso que se les da (esto sí aparece clarito en las tarifas ACL).

Yo no cobro por minuto editado. Yo cobro un básico y luego me rijo por el sistema de la cuartilla que se refiere a 1-200 palabras que se estipula en la ACL.

¿A cómo la cuartilla?

He ahí un dilema. Porque los locutores nos seguimos bajando los calzones. Pero por favor. No son de 300 palabras ni de 400, ni de una página a letra 8 o hasta 4.

No se dejen engañar por el típico “1 página“. O es una frasecita que termina siendo 4 párrafos.

Los textos es mejor mirarlos antes de cotizar y es mejor medirse en número de palabras porque así se sabe con certeza. Y bueno, si les hablan de un minuto, yo más o menos sé que esa duración es aproximadamente una cuartilla y media.

Adicionalmente está el tema de la edición. Cómo dice en las tarifas de locución, nosotros no somos editores ni ingenieros de sonido. Ese es un trabajo de alguien que ha estudiado juiciosamente, así nos lo soliciten incluido. “Que es que yo estudié y lo puedo hacer“ Perfecto! Pero cóbrelo porque el día de mañana quien le ha dado de comer a usted se va a quedar sin trabajo porque usted denigró su labor. Y de extra, nos crucificó a los demás porque nos tocó volvernos multitaskers.

De nuevo vuelvo a los pobres principiantes que salen súper entusiasmados a grabar lo que les pongan y pienso que es más que entendible que para empezar piensen que deben bajar las tarifas para ser competitivos pero quiero explicarles con mucho cariño lo que pasa cuando ustedes aceptan hacer una “frasecita” por $100.000.

Educación al respecto

El cliente piensa que ese es el costo por el trabajo ¡Las tarifas de locución son regaladas! ¿ Saben cuántas veces van a poder cobrar $350.000? ¡Nunca!

 

Pero bueno, no soy quién para juzgar. Sólo pienso que este tema es delicado y que es más fácil decir sí a todo que ponerse rígido frente a una tarifa, bajo el miedo de quedarse sin nada.

Pero en mi experiencia, hay muchos tipos de clientes y ahí está la clave por encima de todo.

Resulta que hace muchos años había pocos clientes que nos contrataban y ellos ganaban una comisión según nuestra tarifa. Esa comisión era transparente para todo el mundo y entre más caro cobráramos, mejor le iba a los productores; pero todo era “por encima de la mesa”.

Ahora lo que se estila es que nunca sabemos cuánto ganan las productoras y sólo nos dicen: “hay tanto $, se le mide?”

Pero ojo que esto es bastante truculento porque realmente este esquema no es fácil de cambiar teniendo en cuenta que quien tiene el contacto con el cliente final es el productor. Así que el pobre Voice Over queda a ciegas y en su afán de tener al cliente contento cruza dedos y dice, ok, si no lo hago yo, lo hace otro. Pero la pregunta es, dónde está el piso? Hasta dónde es que nos debemos bajar los calzones para seguir siendo locutores “cool” con los que da gusto trabajar?

Sí Señores y Señoras, el piso ya lo pusieron y bien abajo unos gringos locos que decidieron cobrar 5 dólares por locución. Y para allá vamos si nadie le pone seriedad al tema. Porque el problema es que siendo mayor la oferta, es normal que los precios bajen. Pero si lo hacen desmesuradamente, tenderemos a desaparecer y terminaremos teniendo la locución como el hobbie, no como el trabajo.

Pero la idea no es contar historias de terror ni echarle “vainazos” a nadie. La idea es construir.

Yo desarrollé mi política y quiero compartirla con el que quiera. Hay una guía de tarifas internacionales (GVAA Rate Card) que me sirve de referencia para proyectos que incluyen otros países. Y hay algo más valioso que el ORO: Los colegas!

Oigan, en los grupos de locutores de otros países hablan y se preguntan cómo manejar asuntos tarifarios! ¡Ayudémonos!

¡Analizar al cliente!

Por otro lado les recomiendo hacer un buen estudio de sus clientes. Hay unos buenos y otros no tanto y otros pésimos. Cómo se sabe eso? Estadísticas. No siempre es cuestión de tarifa sino de volumen, eso es entendible, pero no se otorgan descuentos a todo el mundo.

Por eso les recomiendo estudiar a sus clientes. Contrario a lo que antes pensaba, me di cuenta que ayudar a los grandes es mejor que a los pequeños porque los pequeños compiten por precio y los grandes por calidad. Y lo peor de todo es que cada día son más los pequeños arrebatándole el trabajo a los grandes a punta de nuestros salarios. Y es que a quién no le gusta pagar menos? Obvio que todos queremos más barato pero debe haber un mínimo y convoco seriamente a quien quiera unirse conmigo a estimarlo juntos.

Porque al ayudar al que nos baja la tarifa de locución le hacemos un daño a quien nos ha dado la mano luchando por nuestras tarifas y eso no es justo.

Hagamos de este tema algo menos revoltoso y juntémonos para establecer estándares. Hagamos que nuestra profesión siga siendo valorada y respetada por medio de la comunicación. Nadie nos va a quitar el trabajo a menos que lo apuñaleemos por la espalda con tarifas inferiores.

¡Pasa mucho!

Digo No y otra locutora dice sí. Y posiblemente lo hace en total ignorancia por ese agujero negro de no tener unas tarifas mínimas expuestas y mantener todo en secreto.

La culpa no es de nadie en particular. Es de nuestras propias inseguridades.

Eso es realmente el meollo del asunto. Con la mano en el corazón les digo: el trabajo de todos debe ser igualmente valorado porque cada voz es única y lo importante es que el cliente salga con una pieza que cumpla sus objetivos de comunicación.

¡La calidad importa!

Y en serio, si cada uno da lo mejor de sí, la pieza es buena. Y no siempre nuestra voz es la adecuada para todos los trabajos. Eso no nos hace ni buenos ni malos. No somos nosotros realmente los protagonistas, es el alma detrás que se manifiesta en cada nota que emite la garganta.

Es la fusión de la genialidad de alguien que tuvo una idea, quien la supo comunicar, quién supo capturarla, dirigirla, nuestra Alma expresada en sonido y la forma como expertos en manipular la pieza hacen un trabajo en conjunto que cautiva.

Así que vamos un poco más allá y pensemos profundamente en que esta situación necesita de un equipo y sólo unidos podemos resolverla.

Los invito con todo el amor de mi corazón a entrar y comentar aquí y plantear sus ideas. No en son de criticar, sino de manera concreta a plantear un nuevo modelo tarifario para Colombia QUE SE CUMPLA. Y quien se quiera remangar los pantalones y trabajar activamente, los invito a meterse a algún tipo de agremiación (yo convoco a los que quieran a la ACL) y trabajar con ganas para empezar a construir unas bases tarifarias sólidas que unifiquen el mercado y nos ayuden a hacer crecer a esos clientes buenos que nos dan la mano y están también de nuestro lado.

¡La locución es un trabajo maravilloso!