Escuchar la voz humana es como comerse una caja de chocolates

Escuchar la voz humana

Va a sonar a Forest Gump, pero me desperté pensando que escuchar la voz humana es como comerse una caja de chocolates.

Cuando escucho las diferentes locuciones, me deleito con notas acarameladas, cítricas, amarguitas y hasta saladas… cada una contrasta con la otra y es un universo infinito por conocer. ¡Algo fascinante! Cuando se juntan varias voces, es como olfatear un puñado de flores con mil olores diversos, así todas canten la misma nota. Porque en realidad somos las mismas emociones y el mismo corazón interpretado de infinitas formas. Y el hecho de poder saber a chocolate hace que nos identifiquemos, porque todos somos eso mismo. Pero cada chocolate a su vez, es único.

Escuchar la voz humana

No dejo de asombrarme cómo va transformándose a medida que cambia nuestro interior.  Cambia con la edad pero va adquiriendo personalidad a medida que crecemos, con el tipo de emociones que vamos sintiendo, con la frecuencia vibracional en la que nos estamos sintonizando internamente.

¡Qué misteriosa riqueza hay detrás del sonido poderoso al pronunciar cada palabra!

 ¡Y es que escuchar la voz humana es ver el alma del universo! Como expliqué en otro artículo.

Porque no es lo mismo decir amor sintiéndolo que leyéndolo y más cuando se trata de herir. La voz puede construir, destruir, evocar incluso el vientre materno y la seguridad dentro del mismo con un simple tarareo o disparar fuego y acabar relaciones con pequeñas expresiones cargadas de significado.

Esa es la profundidad majestuosa de un instrumento de uso diario. Es absolutamente indispensable para integrar el interior con el exterior, el “yo” con el “tú” y el “nosotros”.

Hoy tal vez un poco tarde para celebrar el día de la voz. Quiero darle gracias a la capacidad de emitir nuestra huella digital auditiva con la boca, un par de pliegues preciosos en la garganta y varios resonadores; pero también quiero incluir en ese paquete a los oídos.

Porque sin receptor no hay mensaje

Porque si no hay quién escuche, las palabras quedan perdidas en el vacío y el juego pierde sentido. Quiero darle las gracias al sentido de la escucha por su selectividad, por su capacidad de interpretación. Porque así me coma el mejor chocolate del mundo, si no tengo lengua me pierdo de su esencia y deleite. Y en el caso del oído, escuchamos según lo que nosotros también estamos sintiendo.

Por eso el oído también colorea un poco al escuchar la voz humana, a su vez enriquece y magnifica los contrastes auditivos en la comunicación. Le doy gracias a la vida por el tiempo que nos dedicamos a escuchar.  Por permitirnos disfrutar de la riqueza de la sinfonía de cada instrumento con sus notas de todos los colores y sabores únicos.

Pero que ahora, en este instante, me deleita cada vez que descubro las diferentes dimensiones del sonido de cada uno de los que lo habitan.